Aviso a navegantes: este post es guarrindongo y pegajoso. Chicas finas, abstenerse.
Llega un día en el que no basta con mantener controladas nuestras propias velas (cosa que me cuesta).
Llega un día en el que tienes que limpiar los mocos de tu bebé.
Llega un día en el que te encuentras con el aspirador nasal y sus amigos.
La teoría:
Se tumba al pichón, se coloca su cabecita de lado, manguerazo de suero por el agujero que queda arriba, cambiamos de lado y repetimos. Con los mocos ya diluidos, hay dos opciones:
1. Extraerlos. Podemos usar un aspirador nasal (da cosita, pero juro que nunca me ha subido un moco hasta la boca) o una perilla.
2. No hacer nada. Con esta última opción es posible que estornude y los expulse por sus propios medios, o que se los trague y los cague, esto es lo más natural del mundo.
Aquí tenéis un vídeo de Jenni Peña (otra mami bloguera), por si no os aclaráis.
Reconozco que, durante los primeros meses de vida de N, el aspirador nasal y yo tuvimos un idilio, pero con el tiempo la cosa se ha ido enfriando. Cada vez le veo más feo y desagradable. Ahora soy más fan de la opción 2.
Truquis:
- Calentad el suero un poco para que no le de impresión, ya veréis como vuestro pichón se queja menos. Yo me metía la monodósis entre los pechotes, así lograba la temperatura perfecta, pero desde que las tetas volvieron a su ser, pongo el suero bajo el grifo del agua caliente, es menos sepsi pero igual de eficaz.
- No abuséis del aspirador o la perilla, los mocos tienen su razón de ser y si los quitas continuamente, volverán con más poderío.
Otras han hablado de este tema con maestría, si queréis ampliar conocimientos y echaros unas risas leed estos posts de
mi gremlin no me come y de
desmadreando